[vc_row][vc_column][vc_column_text]Creo que ambos, pero a veces subestimamos el regalo que es querer, el regalo que es sentir amor (hacia mí, hacia el otro, hacia la vida…).
Desde que soy madre soy mucho más consciente del regalo que es querer. El hecho de sentir amor ya es algo maravilloso para mí. Ver a esa personita y sentir que se me infla el pecho, sentir calor en el corazón y muchas ganas de achucharla, de besarla, de protegerla… (¿Cómo sientes tú físicamente el amor?)
El mío es el único amor que puedo sentir ¿lo habías visto así alguna vez? Tu amor no lo puedo sentir. Puedo saber que me quieres, porque me lo dices, porque me lo demuestras… y al saber que me quieres me siento valiosa, alegre, llena. Pero el auténtico sentimiento de amor es el mío hacia los demás (o hacia mí misma).
Si además mi amor es correspondido, mejor todavía, pero no es absolutamente necesario.
Preocupémonos de querer y olvidémonos de si nos quieren o no nos quieren.
Digamos que nosotras podemos querer a los demás, ésta es la parte que nos corresponde, sobre la que podemos influir. Sobre el que nos quieran o no, no podemos hacer nada, no debemos hacer nada. Si nos quieren bien, si no, no hay nada que hacer.
Dejemos de hacer cosas para que nos quieran, dejemos de intentar ser distintas, de agradar, de complacer, de callarnos, de dejar de expresarnos libres y auténticas.
Centrémonos en QUERER.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]






