Hay días o períodos de nuestra vida en que tenemos una sensación de vacío, un sutil o no tan sutil malestar. En ocasiones lo asociamos con la falta de relaciones íntimas, de una pareja o de amigos, de personas con las que tengamos unos vínculos profundos y sean testigos y compañeros en nuestras vidas. Gente a quien contarles nuestros sentimientos más profundos o las tonterías más absurdas, según el día. Gente a quien sepamos que le importamos, en definitiva, gente que nos quiera.
Todo esto es necesario, pues somos seres sociales y no podemos vivir aisladas de los demás, o sí podemos, pero con importantes consecuencias negativas en nuestra salud, tanto física como emocional.
Y además de esta compañía que todas tenemos tan claro necesitar, hay otra persona, muy especial, muy cercana, que nos puede acompañar siempre, y pase lo que pase… ¡nosotras mismas!
Cierra los ojos durante unos segundos, pon tu atención en tu respiración, observa como el aire entra y sale por tu nariz, y a la vez, siente tu presencia, habita tu cuerpo y date cuenta de cómo te estás acompañando en este momento. ¿Cómo es esta sensación para ti?
Date cuenta de cómo estas siendo testigo de ti misma, de tu respiración, de tus ideas, de tus emociones. Siente esa calidez que mana de ti y que te envuelve. Es tu propia compañía. Ese lugar de paz y tranquilidad que puedes ser tú misma.
Te animo a realizar este ejercicio (que no es otra cosa que meditar) un ratito al día y verás cómo poco a poco vas notando cambios.
Ángeles Sánchez.







