Hoy quiero hablarte de nuestra parte complaciente, que se manifiesta cuando preferimos agradar al otro antes que agradarnos a nosotras mismas, en el sentido de conectar con nuestras necesidades y respetarlas.
Somos complacientes cuando decimos ‘si’ y en realidad queremos decir ‘no’, cuando no decimos lo que realmente pensamos sino lo que sabemos que el otro quiere oír, cuando no nos mostramos como somos y aparentamos ser otra cosa que creemos que va a gustar más.
¿Para qué toda esta historia? Pues para algo tan necesario como que nos acepten, nos reconozcan y nos quiera, nada más y nada menos.
¿Y vamos a conseguirlo así? Pues eso parece ser lo que algunas hemos entendido de la vida, aunque si nos paramos a pensarlo nos daremos cuenta del poco sentido que esto tiene, principalmente por dos motivos:
Primero porque a todas nos gusta más la gente auténtica que la que aparenta, porque por muy entrenadas que estemos en fingir (y esto suele ser algo muy sutil), al final los demás lo ven, lo sienten, aunque sea a un nivel más inconsciente.
Y segundo… ¿De verdad necesito aparentar ser algo que no soy para que me quieran? Si de verdad pienso así es que tengo que revisar la imagen que tengo de mí misma, pues lo que me estoy diciendo es que tal y como soy no es suficiente para que me acepten, me reconozcan y me quieran.
Pon atención a tus pensamientos y revisa si hay algo de esto. Y si es así, no te fíes de tus pensamientos, sencillamente no son verdad. Es posible cuestionar nuestras propias creencias, pues algunas ya no nos sirven o como en este caso, están equivocadas.
Todas somos valiosas tal y como somos. Es cierto que podemos pulir e ir mejorando ciertas cosas, pero en nuestra esencia todas somos valiosas y merecedoras de amor. Y en la medida que podamos integrar este pensamiento, dejaremos de intentar ser alguien distinta de quien en realidad somos.
Ángeles Sánchez






