Hay un tipo de agresión más sutil que los gritos o los insultos. Cuando alguien se comporta de esta manera con nosotras/os tenemos claro que nos están agrediendo y generalmente nos vamos a defender.
Incluso cuando somos niñas/os sabemos que esto nos hace daño y que no nos gusta.
La agresión directa es fácil de idenfiticar y nos puede hacer daño, pero no nos deja confusos/as, entendemos perfectamente qué ha ocurrido.
En cambio, la agresión pasiva es otra historia…
¿Cómo funciona la agresividad pasiva?
Estás en casa, tu pareja se siente molesta por algo que has hecho y en lugar de expresarlo con palabras, pone cara seria y comienza a evitarte.
No te dirige la palabra, si tú le hablas te contesta con monosílabos y en definitiva, se comporta como si tú no estuvieras en ese espacio.
¿Qué función tiene la agresividad pasiva?
La persona que ejerce este tipo de agresión usa la estrategia del castigo, que consiste en ejercer un daño sobre el otro para que éste cambie una actitud y se comporte de la manera deseada por aquel que ejerce la agresión.
El agresor se coloca en el lugar de la víctima, del que ha sufrido un daño y ahora tiene derecho a infringirlo él/ella. Como si su dolor le diera derecho a castigar a los demás.
Esta estrategia puede funcionar con personas que tengan miedo al conflicto o al enfado de los demás, pues se van a sentir muy incómodas/os en esa situación y van a intentar solucionarla.
En este intento, posiblemente van a tener que ceder a los deseos del otro, para poder restaurar el vínculo y la armonía.
Dicha armonía en realidad no será tal, pues el/la que tiene que traicionarse para dar al otro lo que quiere va a quedar, en el fondo, resentida/o.
¿Cómo nos afecta la agresividad pasiva?
Podemos haber entendido que por culpa de nuestro comportamiento nuestros padres se han puesto así y el malestar que sentimos es merecido.
Nosotros/as somos lo que lo hacemos mal o somos malos/as. A ellos/as los vamos a salvar, porque todos los niños/as necesitamos que nuestros padres sean buenos/as.
Nadie ha nombrado este comportamiento como una agresión y por tanto, no lo veremos como tal.
Entenderemos también que hay algo que debemos hacer para que nuestros padres nos den su amor, pues la experiencia es de que en algunos casos dicho amor se retira.
El amor no será, por tanto, incondicional, sino que estará condicionado a nuestro buen comportamiento o al sometimiento de sus deseos.
Corremos el riesgo de volvernos complacientes y entender que tenemos que satisfacer los deseos del otro para que nos quieran.
¿Qué alternativas tenemos a la agresividad pasiva?
La alternativa a la agresividad, tanto activa como pasiva, es la asertividad.
Con la asertividad puedo usar mi enfado para tomar conciencia de lo que no quiero y actuar en consecuencia.
No necesito hacer daño a nadie para cuidarme o decir que no.
Solo necesito ponerme un límite yo, a mí misma/o, en el sentido de realizar las acciones o tomar las medidas que yo necesito para dejar de hacer algo que para mí no es una opción.
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